lunes, 6 de abril de 2009

PRIMERA UNIDAD EDUCACIÓN TECNOLÓGICA

Como Introducción a la primera Unidad, se les entrega esta ficha donde existen muchos objetos tecnológicos que los alumnos utilizan para facilitar su vida.
se realizan preguntas primero de reconociemiento de objetos.
luego de la utilización de los objetos y se les pone en la situación de ¿como serían sus vidas si ninguno de estos objetos existiera?
el docente debe recalcar la importancia que tienen los objetos tecnológicos.
el docente hace colorear los objetos que mas le sirvan a cada alumno, luego de saber cuales son indica colorear todo el dibujo.

PRIMERA UNIDAD LENGUAJE LECTURA "EL PUERCO ESPIN AVENTURERO"


El puerco espín aventurero
Un día, un joven puerco espín decidió salir a recorrer el mundo. Dejó su abrigado refugio
entre los árboles y matorrales del bosque. Y comenzó su viaje.
A poco caminar se encontró con un hermoso animal. Su piel era maravillosa. Estaba
formada por pelos cortos y suaves.
-¡Hola! ¿Cómo te llamas? -le preguntó el puerco espín.
-Me llamo liebre -le respondió el animal-. No sabes cuánto me gustaría tener esas espinas
que tú tienes para defenderme de mis enemigos.
-Y a mí me gustaría tener una piel tan hermosa como la tuya -replicó el puerco espín.
-Si así fuera, los cazadores te dispararían y el zorro te comería. Yo tengo fuertes patas
para correr velozmente y saltar. En cambio las tuyas, apenas te permiten caminar. Y
ahora me voy; mis orejas me dicen que se acercan cazadores.
La liebre se alejó a grandes saltos. Poco después pasaron los cazadores con sus escopetas
y ninguno vio al puerco espín que se había escondido en un montón de hojas.
Nuestro amigo siguió su camino y pronto llegó hasta unas rocas. Ahí, a pleno sol, un
pequeño animal parecía estar dormido. Su piel estaba cubierta con unas vistosas escamas.

-Qué comodidad -pensó el puerco espín-. Esa piel es muy liviana. No es pesada como
mis púas.
Al sentir al puerco espín, el animal abrió sus ojos y miró asustado al recién llegado.
-¡Ah! -dijo-. Tú no eres un peligro para mí. Tú sólo comes los frutos de las plantas. Tú
no sabes cuánto me gustaría tener las espinas que tú tienes.
-Pero, si tú tienes una hermosa piel -le respondió el puerco espín. -¿Cómo te llamas?
-Lagartija, y mis escamas son maravillosas -le respondió el pequeño animal- pero no me
protegen de las aves de rapiña. Con tus púas, yo viviría tranquila.
-Y a mí me gustaría tener escamas -dijo el puerco espín-. Me gustan porque son livianas
y brillan al sol.
-Sería muy malo para ti, porque te comerían las aves de rapiña -le respondió la lagartija.
-Yo soy pequeña y me escondo entre las piedras. Tú en cambio, no podrías escapar, porque
eres mucho más grande que yo. Y ahora me voy, porque divisé una sombra que viene del aire.
Antes de que el puerco espín se diera cuenta, la lagartija desapareció.
Un aguilucho apareció en el cielo y al no ver nada en las rocas, se alejó.
El puerco espín siguió caminando y se encontró con una perdiz.
-¡Qué linda piel tiene usted! -exclamó el puerco espín.
-Se ve que no conoces a las perdices -le respondió el ave-. Lo que estás viendo no es mi
piel; son mis plumas. Son livianas y abrigadoras. Yo estoy muy contenta con ellas. Pero
hay veces que me gustaría tener espinas como las tuyas. Así me defendería de todos mis
enemigos.
-Me gustaría tener plumas en lugar de estas espinas tan pesadas y tan duras que tengo.
-Sí. Pero te comerían los zorros -respondió la perdiz-. Aunque tuvieras plumas, no podrías
volar porque eres muy pesado. Y, a propósito, estoy sintiendo los pasos de un zorro. Así
que, adiós, querido amigo de las largas espinas.
El puerco espín sintió un estruendo y vio como la perdiz salía volando disparada mientras
gritaba:
-Fi, fi, fififí, fip, fip, fip.
Un segundo después, un gran zorro asomó su nariz por entre las ramas. Miró al puerco
espín y de inmediato sacó la cabeza del matorral y desapareció.
El puerco espín emprendió el camino de regreso a su casa. Mientras hacía el viaje pensaba:
-No es malo tener espinas como las mías. La liebre, la lagartija y la perdiz me las envidian.
Gracias a ellas los cazadores no me persiguen, las aves de rapiña no me cazan y los zorros
no me devoran.
Cuando llegó a su refugio del bosque, apretó sus púas contra su cuerpo y se quedó dormido,
feliz de ser un puerco espín y feliz con sus púas, que, hasta ahora sin saberlo, le habían
salvado la vida muchas veces.